Tres grandes en el capítulo del amor

¿Cuál es la relación entre la fe, la esperanza y el amor en 1 Corintios 13:13?

Pablo escribió: «Ahora, pues, permanecen estas tres virtudes: la fe, la esperanza y el amor. Pero la más excelente de ellas es el amor» (1 Cor. 13:13, NVI). En el Nuevo Testamento se menciona a menudo esa tríada de virtudes, lo que demuestra su influencia para la vida cristiana (por ej., 1 Tes. 1:3; 5:8; Gál. 5:5, 6; Heb. 6:10-12; 1 Ped. 1:21, 22). En medio de la tríada del pasaje está la esperanza, como si sostuviera a las otras dos, o al menos formara un puente entre la fe y el amor. La esperanza orienta a los cristianos hacia el futuro, la fe brinda contenido a la esperanza y el amor energiza a ambas para el servicio. Comentaré la relación entre cada una, y la posible función de la tríada.

1. Fe y Esperanza: La esperanza dirige la fe hacia el futuro y la desafía para perseverar en medio de grandes adversidades, recordando a la fe que hay más en el futuro de lo que ahora vemos y experimentamos. El presente no es la expresión final de la realidad cósmica. Viene algo nuevo y maravilloso: como tal, la esperanza infunde expectativa a la fe. De allí que la esperanza siempre está dispuesta a esperar, confiar y soportar, brindando estabilidad a la fe; la esperanza es como un ancla (Heb. 6:19, 20). Dado que la esperanza implica confiar plenamente en las promesas de Dios, reconocer que él es digno de confianza, la fe como confianza y dependencia de Dios es inseparable de la esperanza. La fe le dice a la esperanza que Jesús no solo es el que vendrá, sino que también es el que ya ha venido, trayéndonos reconciliación y, en el proceso, brindando a la esperanza un fundamento sólido y confiable para el tiempo de espera. La fe y la esperanza juntas recuerdan a los creyentes que son peregrinos que se dirigen a la ciudad celestial (Heb. 11).

2. Esperanza y Amor: La esperanza es dinámica y, como tal, no permite que el amor se vuelva puro sentimentalismo, tan obsesionado con su objeto inmediato –las necesidades presentes de los seres humanos– que olvide la consumación de la salvación. Pero el amor desafía a la esperanza para que actúe en el presente. Toma la existencia futura del día final, que se caracteriza por la libertad del egoísmo y el sufrimiento del presente, en una atención desinteresada por los demás (cf., Heb. 6:10, 11). En otras palabras, el amor hace que la esperanza sea relevante en el presente de la existencia humana. El modelo para este tipo de vida es Cristo mismo (Mat. 4:23). Los elementos de la expectativa de los últimos días (por ej., ser libres de la enfermedad y los poderes del mal) estuvieron presentes en el ministerio de Cristo para ilustrar la calidad de vida en el reino futuro de Dios.

3. Fe, Esperanza, Amor: Estas tres virtudes teológicas no son naturales a los humanos. Son el resultado de la presencia de Dios en nuestra vida mediante el poder del Espíritu. La más grande de estas virtudes es el amor, porque la fe y la esperanza sin amor pueden llegar a ser, durante el tiempo de espera, fuerzas opresoras en manos de seres humanos corruptos. En esa tríada, el amor nos garantiza que la fe, la esperanza y el amor combinados constituyen el perfil básico de los creyentes. En otras palabras, los que están unidos con Dios mediante Jesucristo tienen en el centro de su experiencia religiosa fe en la obra de Cristo en favor de ellos, esperanza que anuncia la próxima consumación de esa salvación tan grande, y el amor que quebranta la esclavitud al egoísmo y los motiva para el servicio a Dios y al prójimo.

Fecha: 
10/18
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