Un acto ritual de adoración

¿Cuál era el propósito de la ofrenda quemada?

El nombre «ofrenda quemada» es una traducción de la palabra hebrea ‘olah («ofrenda ascendente»). Su nombre sugiere que la víctima del sacrificio era quemada por completo sobre el altar y que el humo subía/ ascendía hacia Dios en el cielo. La ofrenda quemada era el sacrificio más común del período patriarcal (Gén. 8:20; 22:7).  


1. OCASIÓN Y PROCEDIMIENTO 

Todo israelita podía llevar una ofrenda quemada al Señor como acto voluntario de adoración (Lev. 1:2). Podía ser portada por el individuo como pago de votos u ofrenda voluntaria (Lev. 22:17-19). El pago de un voto era dado al Señor después de que se cumplía un voto, para expresar gratitud. La ofrenda voluntaria era una expresión espontánea de devoción personal, agradecimiento y gozo dedicada al Señor. Pero también era necesaria en los servicios diarios (Núm. 28:3-8); el sábado (vers. 9, 10) y servicios de luna nueva (vers. 11-14); y durante festivales (por ej., vers. 17-25; Lev. 23:10-14, 17-21; 16:3). También se requerían ofrendas quemadas en combinación con las ceremonias de purificación (Lev. 12:6; 14:19; 15:13-15; Núm. 6:11, 14; 15:22-26; Lev. 5:7-10). El procedimiento al ofrecer ese sacrificio requería que las personas colocaran sus manos sobre la cabeza del animal (Lev. 1:4), lo mataran (vers. 5), lo cortaran en pedazos (vers. 6), y lavaran sus entrañas y piernas (vers. 9). El sacerdote llevaba a cabo el ritual de sangre (vers. 5) y colocaba la víctima sobre el altar (vers. 8). La piel se entregaba al sacerdote que oficiaba (7:8), pero todo el animal era quemado en el altar. La víctima del sacrificio era un cordero, carnero o toro. En algunos casos, se aceptaba también una tórtola o paloma.


2. PROPÓSITO 

La ofrenda quemada era aceptada por el Señor en nombre del oferente «como expiación» (Lev. 1:3, 4). En otras palabras, la aceptación del individuo estaba determinada por la aceptación de la ofrenda por parte del Señor como medio de expiación. Mediante la imposición de las manos, los oferentes efectuaban una transferencia simbólica a la víctima sacrificial, que era sin defecto (vers. 3; tamîm, «pleno», «entero», «sin defecto»), de sus propias imperfecciones. La víctima funcionaba como sustituto de la persona que la traía. En 1 Samuel 7:1-10 y 13:12 se asocia la ofrenda quemada con la idea de «implorar a Dios», una idea que suele emplearse en el contexto del enojo o disgusto divino (por ej., en Éxo. 32:11; 1 Rey. 13:6; 2 Rey. 13:4). Las personas que imploran a Dios están buscando su favor o aceptación (por ej., en Zac. 8:21, 22), y el Señor les mostró su gracia y favor (Mal. 1:9; Sal. 119:58). Hay aquí un contexto de propiciación, en el sentido de que Dios mismo deja de lado el disgusto que siente y acepta a los pecadores arrepentidos. La ofrenda quemada era un acto de adoración que expresaba gratitud, acción de gracias, gozo y dedicación total del oferente a Dios. Dado que los humanos siempre están necesitados de perdón cuando se acercan al Señor, también funcionaba como medio de expiación y propiciación. El sacrificio respondía a muchas de las necesidades espirituales del oferente. En el presente, dado que Dios nos acepta por medio del sacrificio de expiación de Cristo, podemos ofrecerle con gozo y agradecimiento todo nuestro ser como un sacrificio espiritual (Rom. 12:1).


Fecha: 
7/19
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