Arminianismo y Adventismo del Séptimo Día

Gary Land

El simposio sobre Arminianismo y Adventismo, celebrado del 14-16 de octubre de 2010 en Andrews University, intentó analizar la teología adventista dentro de un continuo teológico más amplio, que ayudó a explorar las conexiones entre el adventismo y otras tradiciones religiosas. Las presentaciones plenarias trataron tres principales áreas de interés: primero, las comprensiones calvinista y arminiana acerca de Dios; segundo, las posiciones calvinistas y arminianas acerca de la seguridad de la salvación; y tercero, la relación del adventismo del séptimo día con el arminianismo.

Calvinismo y arminianismo

Roger Olson, profesor de Teología en el Seminario Teológico George W. Truett de la Universidad Baylor, presentó los argumentos calvinistas/reformados sobre el arminianismo, que lo definen como una teología centrada en el hombre porque definidamente pone la decisión por la salvación en Cristo dentro de la voluntad humana.2 Él luego respondió a esta crítica, primero argumentando que el calvinismo, al poner en Dios toda la responsabilidad de determinar quién será salvado y quién se perderá, lo hace a Dios un ser de carácter moral ambiguo. Además, dijo, la crítica está desubicada: los críticos parecen no haber leído a Arminio u otros clásicos arminianos tales como los Remonstrantes y John Wesley. Si lo hubieran hecho, habrían visto que, por causa de la gracia previniente, la cual da al ser humano el poder de escoger aceptar a Cristo, incluso el arrepentimiento es un don de Dios. El arminianismo clásico enfatiza el libre albedrío humano para proteger la bondad de Dios y clarificar la responsabilidad humana por el pecado. Pero la decisión de libre albedrío de aceptar el don de Dios es en sí misma potenciada por la gracia de Dios. Nada sucede en el proceso de salvación aparte de Dios. La verdadera fe es siempre acompañada por buenas obras, pero tales obras no son parte de la fe o una condición de justificación.

Barry Callen, profesor emérito de Estudios Cristianos en la Universidad Anderson, tomó el mismo tema desde la dimensión humana. Concordando con Olson, estableció que la salvación viene solo por gracia divina inmerecida, pero añadió que ello también involucra una obra humana necesaria. En contraste con el calvinismo, el cual es monergístico puesto que ubica toda la acción con Dios, Callen favorece un acercamiento sinergístico, el cual involucra una relación Dios-humana. En tanto muy preocupados de que no demos la talla, que con Arminio no nos “desviemos de ver la salvación como un verdadero don de un Dios de gracia”,3 él no obstante criticó la teología evangélica contemporánea por socavar “la elección consciente para ejercitar la fe y la seria acción que se requiere de los creyentes para el necesario crecimiento en la vida cristiana”.4

El análisis de Hans K. LaRondelle de pasajes bíblicos que tratan la elección y la predestinación, aunque no mencionó el calvinismo, parecen calzar con este grupo de trabajos.5 El mostró pasajes tanto del Antiguo como del Nuevo Testamentos que hablan de Dios escogiendo a Israel, Cristo escogiendo a sus discípulos y a los cristianos como un pueblo escogido. A lo largo de todas estas elecciones Dios espera una respuesta del pueblo que ha escogido. Sin embargo, en línea con la comprensión del arminianismo de Olson y de Callen, LaRondelle hizo claro que nuestra decisión de ejercitar la fe, de obedecer la voluntad de Dios, y de perseverar en una vida santificada “no son obras meritorias que contribuyan a nuestra salvación”. Pero habiendo dicho esto, también estableció que una “fe auténtica en Cristo honra no solo la soberanía y la prioridad de la gracia de Dios, sino también busca caminar fielmente con Cristo”.6

La seguridad de la salvación

Un segundo grupo de presentaciones giraron en torno del asunto de la seguridad de la salvación. Woodrow Whidden preguntó qué tradición teológica, si el calvinismo o el arminianismo, provee una mejor seguridad. Describió al poder redentor de Dios tanto como a priori, lo que incluye elementos tales como la gracia previniente y la gracia perdonadora, y a posteriori, que incluye el sentido de que Dios está hablando al individuo y las “manifestaciones prácticas del „fruto del Espíritu‟ en la vida del creyente”.7 Aseguró que los calvinistas y los arminianos aceptan ambos estas categorías, incluyendo “la panoplia completa de los factores a posteriori en la experiencia de la seguridad que salva”.8 Pero puesto que los calvinistas no tienen manera de saber si Dios ha elegido salvarlos, no tienen ventajas inherentes acerca de la seguridad. Por lo tanto, junto con los arminianos, “deben buscar los contornos de su experiencia personal de gracia por alguna evidencia de las bendiciones a posteriori de que ellos están evidentemente y seguramente salvados”.9

En cuanto a “una vez salvo, para siempre salvo”, Whidden comentó que, puesto que el calvinismo no puede proveer ninguna seguridad de que uno ha sido salvo, es incapaz de enfrentar efectivamente el tema de la perseverancia. Solo puede sugerir que si el individuo aparentemente una vez convertido, cae de la fe, esa persona no estaba salvada en realidad.10 Nuevamente el arminianismo provee una mejor respuesta al dar al creyente la capacidad de “decidir ignorar las gracias salvadoras que los ponen a él o ella ¡en las manos salvadoras del Padre en primer lugar!”.11

Keith D. Stanglin enfrentó varios de los mismos asuntos que Whidden, pero los ubicó dentro del contexto de la experiencia de Arminio.12 De acuerdo con Stanglin, en vez de perseguir las abstractas cuestiones de la teología, el pensamiento de Arminio surgió de su papel pastoral en Amsterdam, donde encontró que muchas personas de su congregación, por un lado, no tenían ninguna confianza en su elección o, en contraste, que eran por demás confiados en lo que respecta a su salvación. La primera posición llevaba a la desesperación, en tanto que la última permitía que el cristiano continuara en sus caminos pecaminosos.

Por consiguiente, la doctrina de la seguridad llegó a ser un importante punto de partida para la enseñanza de Arminio. Similar a Whidden, Stanglin presentó la discusión de Arminio de una base a posteriori de seguridad (la sensación de fe, el testimonio interno del Espíritu, la lucha del Espíritu contra la carne y el deseo de involucrarse en buenas obras) y las bases a priori (la voluntad de Dios de que todos sean salvos y el direccionamiento de su amor salvador hacia los que están en Cristo por medio de la fe). El examen de Arminio de las bases de seguridad para el creyente lo guiaron a revisar la teología de Dios, la que, en contraste con el calvinismo, enfatizaba que “el acto de Dios de la creación es un acto de amor y gracia con el propósito de comunión eterna, un acto en el cual Dios se obliga a sí mismo con la creación por su beneficio”.13

En sus reflexiones conclusivas y prácticas, Stanglin también trató el “una vez salvo, siempre salvo”, pero estuvo más interesado con sus efectos reales sobre la vida del cristiano. Llamó a esa posición “reduccionista” y expresó preocupación que se “espere poco o nada de progreso en la santidad cristiana”.14 Creyendo en que la santificación es importante, estableció que “las buenas obras no son un factor causal en obtener o mantener la salvación. Ya somos salvos; por lo tanto, queremos hacer buenas obras, y las hacemos”.15

¿Son arminianos los adventistas?

Finalmente, llegamos a los trabajos que se presentaron respecto de la relación del adventismo del séptimo día con el arminianismo. Luego de discutir Arminio y la Remonstrancia, Denis Fortin identificó cinco elementos de la posición arminiana que resuenan en el adventismo.16 Primero, la afirmación que el individuo necesita creer en Cristo para ser salvado. Segundo, Arminio encontró repugnante la idea que Dios predestinara algunas personas al fuego eterno antes de que siquiera existieran. Tercero, los seres humanos tienen libre albedrío. Cuarto, la creación de Dios es buena, algo que es incompatible con la comprensión calvinista de que casi todos son predestinados a condenación. Finalmente, el pecado causa condenación, un hecho que nuevamente no calza con el supralapsarianismo calvinista.

Al dirigirse más específicamente a los elementos arminianos de la teología adventista, Fortin observó que el motivo de la gran controversia “provee un marco teológico que es dependiente de la comprensión arminiana de la relación de Dios con los pecadores y la necesidad del pecador de responder a la invitación del evangelio”.17 Entre los elementos clave en su comprensión está la creencia en que Dios creó individuos con libre albedrío y por medio del Espíritu Santo les provee la gracia de aceptar su misericordia. Fortin concluyó que el adventismo es “fundamentalmente arminiano” y que el “núcleo de su sistema de creencias es el arminianismo”.18

Para George Knight, sin embargo, el cuadro es más complicado. Él asegura que las declaraciones de creencias de 1939/1946 sugieren una posición semi-pelagiana al dejar “la impresión que el movimiento inicial hacia la salvación queda en el individuo”.19 Por contraste, la declaración de 1980 “hace significativo el apartamiento para evitar el semi-pelagianismo”, particularmente en el Artículo 5, el cual asegura que el Espíritu Santo “atrae y convence a los seres humanos; y a los que responden él renueva y transforma”. Según la visión de Knight, el Artículo 5 “es una clara declaración de gracia previniente aun cuando no usa ese término”.20 Pero, esta declaración de 1980, ¿es tan diferente de las declaraciones anteriores que establecen que el Espíritu Santo “convence de pecado y guía al pecador, induciendo al creyente a la relación de nuevo pacto?”21

Aunque “el adventismo primitivo –de acuerdo con Knight– definidamente calza en el campo semi-pelagiano”,22 comenzando en la década de 1880, por medio de la influencia de Elena G. de White, los adventistas comenzaron a poner más énfasis en la salvación en Cristo. Argumenta que EGW “tenía la creencia usual en lo que la mayoría de los protestantes pensaban como una total depravación”, respecto de que los humanos eran incapaces de escoger a Dios por medio de su propio poder, y vio la necesidad de la gracia previniente.23 Pero Knight ve el semi-pelagianismo mayormente persistente a lo largo del siglo XX. William H. Branson llegó “a la frontera de la gracia previniente”, pero no la atravesó, afirmando que queda con el individuo escoger aceptar la gracia de Dios.24 El único escritor que durante este período pareció tener un concepto de gracia previniente fue I. H. Evans pero, como observó Knight, tuvo relativamente poca influencia. Edward Heppenstall tomó elementos que apuntaban hacia la necesidad de gracia previniente, pero “definidamente dejó la impresión de que los individuos caídos tienen libre albedrío frente a la revelación especial de Dios”.26 Edward Vick y Hans K. LaRondelle fueron los más claros arminianos, de acuerdo con Knight.27 Pero otros nombres podrían probablemente añadirse a esta lista.

Conclusion

Las presentaciones plenarias manifestaron un amplio acuerdo en la promoción de una sinergia divino-humana en el proceso salvífico y de la maravillosa gracia de Dios como una necesidad en cada paso en ese proceso, aun antes de que el agente humano sienta necesidad alguna de salvación. Las acciones humanas, que surgen del deseo de estar en armonía con el divino dador de la Ley y de la seguridad de la justificación y de la guía del Espíritu en la santificación, no son la base de la salvación sino el fruto de ella. Las interpretaciones divergentes de fuentes históricas acerca del semi-pelagianismo versus arminianimo, requieren un análisis completo de las fuentes. Parados en la tradición arminiana, los adventistas hacen bien en proveer oportunidades como ésta, para que los estudiosos y los miembros de la iglesia reflexionen además en aspectos centrales de la salvación. A este respecto, sería ciertamente valioso ponderar la sucinta síntesis de Elena G. de White en El camino a Cristo, pp. 18-19, de manera regular. El simposio probó ser significativo al mostrar que la soteriología adventista permanece en la tradición arminiana-wesleyana.

Gary Land es profesor y jefe del Departamento de Historia y Ciencias Políticas de la Universidad Andrews (Berrien Springs, Michigan, EEUU).


  1. Este artículo es una versión revisada y acortada de “Reflexiones acerca del Simposio”, presentación final de la conferencia “Arminianismo y Adventismo: Celebrando nuestra herencia soteriológica”, llevada a cabo del 14-16 de octubre en la Universidad Andrews, Berrien Springs, Michigan. Todas las presentaciones discutidas en este artículo fueron desarrolladas como sesiones plenarias del simposio.

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  2. Roger Olson, “El arminianismo es teología centrada en Dios”, 15 de octubre de 2010; idem, “El arminianismo es teología evangélica”, 16 de octubre de 2010. Aunque él se refiere a otros críticos, Olson frecuentemente cita el número especial “Arminio” de la revista Modern Reformation (Mayo-junio, 1992).

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  3. Barry Callen, “Sinergismo soteriológico y las seducciones que lo rodean”, 15 de octubre de 2010, 7.

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  4. Hans K. LaRondelle, “Elección divina y predestinación: Una perspectiva bíblica”, 14 de octubre de 2010.

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  5. Ibid., 18-19.

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  6. Woodrow W. Whidden, “El juicio investigador y la seguridad de la salvación”, 16 de octubre de 2010, 9.

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  7. Por ejemplo, véase Millard J. Erickson, Christian Theology, Segunda edición (Grand Rapids, Michigan: Baker, 1998).

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  8. Whidden, 21, sosteniéndose sobre Clark Pinnock, “From Augustine to Arminius: A Pilgrimage in Theology”, en La gracia de Dios y la voluntad del hombre, editado por Clark Pinnock (Minneapolis, Minnesota: Bethany House, 1989).

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  9. Keith D. Stanglin, “La seguridad de la salvación: un relato arminiano”, 16 de octubre de 2010.

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  10. Ibid., 17-18.

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  11. Denis Fortin, “Perspectivas históricas y teológicas en el surgimiento del arminianismo y el lugar del adventismo del séptimo día en el debate calvinista-arminianismo”, 14 de octubre de 2010.

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  12. George Knight, “El adventismo del séptimo día, el semi-pelagianismo y aspectos pasados por alto en la soteriología adventista: Moviéndonos más allá de los enlaces perdidos y hacia una comprensión más explícita”, 15 de octubre de 2010, 9.

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  13. Ibid., 9-10.

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  14. Yearbook 1931 de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (Washington, D.C.: Review and Herald, 1931), 378; Yearbook 1946 de la Iglesia Adventista del Séptimo Día (Washington, D.C.: Review and Herald, 1946), 4.

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  15. Ibid., 10. Véase William Henry Branson, How Men are Saved: The Certainty, Plan, and Time for Man’s Salvation (Nashville, Tennessee: Southern Publishing Association, 1941).

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  16. I. H. Evans, This is the Way: Meditations Concerning Justification by Faith and Growth in Christian Graces (Washington, D.C.: Review and Herald, 1939).

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  17. George Knight, 19. Véase Edward Heppenstall, Salvación ilimitada: Perspectivas en justificación por la fe (Washington, D. C.: Review and Herald, 1974).

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  18. George Knight, 19. Véase Edward W. H. Vick, Let me Assure you: Of Grace, of Faith, of Forgiveness, of Freedom, of Fellowship, of Hope (Mountain View, California: Pacific Press, 1980).

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