Alden Thompson, Beyond Common Ground: Why Liberals and Conservatives Need Each Other

Ángel Manuel Rodríguez

Ángel Manuel Rodríguez

BRI (retired)

Este es un libro escrito con un corazón pastoral, totalmente interesado en la unidad de la iglesia y en llevar sanidad a las controversias doctrinales y teológicas dentro de la Iglesia Adventista. El tono es pacificador y conversacional mientras trata de comprender ambos lados del debate con tanta justicia como sea posible. ¿Qué debe ocurrir para que los conservadores y los liberales coexistan dentro de la iglesia de modo armonioso? Esta es la pregunta que Thompson está buscando responder. El trabaja con lo que es casi una presuposición: La iglesia los necesita a ambos. Pero, ¿cómo pueden funcionar juntos? Aquí está el plan según lo entiendo.

Primero, debemos estar de acuerdo en lo que realmente es importante en la Biblia. Su primer interés es definir las doctrinas fundamentales. La sugerencia que ofrece está basada en un pacto de fe escrito en la Asociación de Michigan en 1861: Adventista es quien (1) guarda el sábado, (2) observa los mandamientos de Dios, (3) cree en la segunda venida de Cristo, y (4) tiene la fe de Jesús. Thompson añade un (5), bajo la influencia de Jaime White: la convicción de que la Biblia es nuestro credo. También argumenta que hay dos otros elementos que importan en la Biblia: la ley de amor, que nos llama a tratar a los demás del mismo modo que a nosotros nos gustaría que nos trataran si nosotros estuviéramos en donde ellos están ahora; y el ejemplo de Jesús, que amó y aceptó a todos y vivió y enseñó una vida de sencillez; lo que se necesita es su amor desinteresado cuando nos tratamos mutuamente.

Lo que implica esta discusión es que, fuera de estas mínimas convicciones, la iglesia debe aceptar una diversidad de puntos de vista. De este modo los liberales y los conservadores podrán convivir dentro de la misma comunidad de fe. Esto, de acuerdo con Thompson, no es nada nuevo. La Biblia, nuestro credo, está caracterizada en sí misma por una diversidad de puntos de vista. El resto de este libro es básicamente un desarrollo de las ideas expresadas en los primeros tres capítulos.

Uno de los problemas que enfrentó Thompson fue definir los términos conservador y liberal. Los lectores deben esperar hasta el capítulo once para encontrar un tratamiento completo de los dos términos. Para él, los términos son principalmente distinciones temperamentales, rasgos psicológicos. Por lo tanto, ambos grupos contribuyen en el sentido que necesitamos ambos tipos de temperamentos. Al especificar las diferencias entre los dos, las cosas llegan a ponerse más complicadas. Él admite que su propia definición no le calza a él mismo y yo sospecho que tanto conservadores como liberales argumentarían que no se encuentran representados apropiadamente en la definición de términos. Esto levanta la pregunta relacionada con la audiencia y el significado o valor del libro. ¿Sería posible que el libro esté dirigido a un hombre de paja (títere)? ¿No estamos tratando aquí con ideologías profundamente conflictivas y con asuntos doctrinales, y no tan solo con asuntos temperamentales?

El segundo problema que enfrentó Thompson fue cómo establecer lo que realmente es importante en la Biblia. Para mantener a ambos grupos unidos, decidió buscar al menos un común denominador. Este acercamiento minimalista limita el mensaje de la iglesia a cinco elementos arbitrariamente seleccionados por el autor. Thompson anticipó que tendría algunos problemas con respecto al énfasis que Elena G. de White da a la doctrina del santuario como parte del mismo fundamento del mensaje y la misión adventista. Pero creyó superarlos indicando que el propósito del santuario fue simplemente afirmar la verdad del sábado y la ley. ¿Es eso así? No lo creo.

Thompson también añade inadvertidamente otro punto: la unidad de la iglesia (p. 20). Supongo que se refiere a la iglesia mundial. En tal caso, yo diría que solo la iglesia mundial tiene la autoridad para definir el mensaje y la misión de la iglesia basada en las Escrituras y bajo la conducción del Espíritu. Si el criterio a ser utilizado para definir qué debemos considerar como no negociable es asegurar que los liberales y conservadores puedan coexistir en la iglesia, entonces el principio de Sola Scriptura ya no es más válido.

Este libro no le va a agradar a todos. Es comoThompson lo ve, una visión que la iglesia no abraza sin cuestionamientos. Esa es otra debilidad del libro. A diferencia del Thompson que conozco personalmente, él se presenta en el libro como la única fuente de soluciones. Y las soluciones que ofrece están arraigadas en sus conceptos de revelación e inspiración de la Biblia, particularmente cómo tratar con las contradicciones de la Biblia y con la idea de Dios que se encuentra en el Antiguo Testamento. Este es un tema que él ha manejado en sus libros previos y se resume en este. Sus puntos de vista no han impactado de modo serio a la iglesia mundial. Uno tiene que hacer la pregunta, ¿por qué sus puntos de vista son una vez más impuestos a la iglesia? Esto no tiene nada que ver con Thompson, que tiene el derecho de escribir y creer lo que quiera. Esto tiene que ver con la misión de nuestras casas publicadoras.

Finalmente, déjenme decir que el libro ya está pasado de moda. La iglesia ya no está tratando con liberales versus conservadores, sino con conservadores versus radicales. Solo necesitamos mirar los sitios web que originalmente promovían los puntos de vista liberales/progresistas para darnos cuenta de que la vara está ahora realmente alta. La iglesia está enfrentando radicales que están activamente involucrados en un abierto ataque contra muchas de las verdades bíblicas que hemos sido llamados a proclamar, en tanto se engaña a miembros de iglesia para sostenerlos. Habiendo dicho esto, defiendo el deseo de Thompson de que el amor prevalezca y en cuanto a nosotros evitar el tratarnos unos a otros como enemigos. Dios en su momento oportuno abordará estas preocupaciones. Entretanto, oremos unos por los otros.