
Ekkehardt Mueller
Retired, Associate Director of the Biblical Research Institute
Jon Paulien, Seven Keys: Unlocking the Secrets of Revelation. Nampa, Idaho: Pacific Press Publishing Association, 2009, 158 pp., US$13.99.
Este libro –uno más de una buena cantidad de libros que Jon Paulien ha publicado sobre el libro de Apocalipsis– es conciso y muy útil, y proporciona un excelente recorrido del tema en cuatro partes. Daniel y Apocalipsis son importantes para los adventistas. Por lo tanto, las obras que abordan estos libros apocalípticos no solo son necesarios sino apreciados.
El autor comienza con principios de interpretación, muy cruciales ahora puesto que se pueden encontrar toda clase de interpretaciones fantasiosas entre los miembros de iglesia y aun entre pastores adventistas. Los controles bíblicos que se sugieren se necesitan y mucho. Paulien discute el preterismo, futurismo –que es un problema mayor en ciertos sectores de la iglesia–, idealismo e historicismo. Favorece el historicismo porque corresponde con las intenciones y el texto de Apocalipsis. En el capítulo dos, se presentan siete claves para interpretar el Apocalipsis. Pero los capítulos posteriores también describen otros recursos útiles para la interpretación del libro (por ejemplo, la “duodireccionalidad”, pp. 58-61).
Comenzando en la parte dos, Paulien recorre y resume las visiones principales de Apocalipsis. Aunque cubre todo el Apocalipsis, en vez de proveer un comentario, Paulien señala los temas y desarrollos principales en el Apocalipsis. Esto es muy importante porque, en la atención a los detalles que da un comentario, fácilmente se puede perder de vista la perspectiva más amplia. Los esquemas de Paulien son muy útiles, con la posible excepción de la tabla de la p. 104, que podría causar confusión si las columnas se entienden como paralelas. Este libro es placentero de leer y contiene algunos conceptos nuevos, por ejemplo, la sugerencia de que Apoc 3:20 prepara no solo para el capítulo cuatro sino para toda la visión de los sellos.
Paulien se permite una aplicación histórica de las siete iglesias y hace una lista no solo de cuatro características del remanente, sino de doce. Su descripción de las tres confederaciones del fin del tiempo, a las cuales él llama “los santos”, “las fuerzas seculares” y “las fuerzas religiosas”, añaden claridad a la representación de los eventos del tiempo del fin. Su tratamiento del milenio, siguiendo un acercamiento premilenialista que encuentra su argumento en el Apocalipsis mismo, es también muy útil.
Aparte de los muchos detalles positivos del libro, hay algunos puntos debatibles y carencias:
La letra grande hace que el libro sea muy legible para los ancianos, pero no es tan necesaria para el lector promedio, desperdiciando espacio que pudo haber sido utilizado para explicar más acabadamente algunos temas. Por ejemplo, la discusión del nuevo cielo y la nueva tierra en Apocalipsis 21- 22 ocupa solo una página y media.
El esquema de la p. 116 contiene un desafortunado error tipográfico: “Judiasm” aparece en letra grande y negrita, en vez de “Judaism”.
El autor encuentra que el cristianismo, el judaísmo y el islam se combinan para comprender la verdad completa del remanente (pp. 115-117), pero esto solo funciona, por ejemplo, limitando (de alguna manera) el cristianismo al evangelio, la gracia y Jesús, lo que podría parecer una simplificación de la historia. Hay fuertes intereses escatológicos no solo en el islam sino a lo largo de toda la historia del cristianismo. Lo mismo podría decirse de la ley y el sábado: no fueron posesión única del judaísmo.
Los “reyes del oriente” (Apoc 16:12) son solo entendidos por algunos expositores adventistas como Jesús y sus seguidores escogidos (pp. 131-132); otros los entienden como Jesús y sus huestes celestiales. Aquí podría haber sido útil una referencia, o al menos una explicación mayor, porque el acercamiento del autor parece sugerir que los “seguidores escogidos” se liberan a sí mismos de los poderes del mal.
En tanto que el trasfondo del Antiguo Testamento explica el término “abismo” (pp. 146-147), la utilidad potencial del uso del Nuevo Testamento no lo es.
Para este reseñador es más objetable la aplicación que el autor hace de los géneros literarios a varias partes del Apocalipsis. Llamar al mensaje a las siete iglesias “cartas proféticas” (p. 90) puede estar bien. Pero distinguir el género literario de los siete sellos del “apocalipsis histórico” de las siete trompetas (p. 91), haciéndolas “una forma de profecía clásica” que “puede ser aplicada a más de una situación” (pp. 90-91), podría ser bien problemática, destruyendo hasta cierto punto la recapitulación en la primera parte de Apocalipsis, así también como su interpretación historicista. Además, el término “apocalipticismo histórico” implica que hay otra forma de literatura apocalíptica, como por ejemplo apocalipticismo místico. Aquí la cuestión debe surgir en cuanto a si son realmente necesarias las subdivisiones de géneros literarios, y si contribuyen a la comprensión del Apocalipsis o simplemente recargan al lector indebidamente.
Habiendo mencionado algunas áreas debatibles, no obstante debe establecerse que aparte de estos temas el libro es extremadamente útil. Paulien señala correctamente que el énfasis de Apocalipsis no recae en la esfera política y/o militar sino en el campo espiritual. Se centra en Jesús, su cruz y su ministerio para su pueblo. La conclusión resume los principales intereses del Apocalipsis en ocho valiosas lecciones, muy realistas, que nosotros como pueblo de Dios haríamos bien en tomarlas seriamente y vivirlas a tono.
